Piccola Música Vol.2

Descarga aquí la compilación del mes de Agosto: Star Tracks: Piccola Odisea Espacial en dos volúmenes 2a y 2b

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Deerhoof - Offend Maggie

Desde que esta hormiga es pequeña, gusta de elementos sonoros para quedarse dormida. Cuenta mi memoria auxiliar (o sea mi madre) que al mes de nacida, y hasta ya entrado el año y cacho, mi infalible táctica auto-arrullante consistía en emitir incansablemente una diversidad de sonidos mientras me dormía. Desde entonces obscuridad y sonido constituyen una combinación peligrosa si se me quiere mantener despierta, eso lo saben todas las personas que han intentado ver una película en la comodidad de un sillón conmigo como acompañante.

Pero equis, hace como un año me encontraba en Cuernavaca. Mi familia tiene la terrible costumbre de dormirse temprano, y yo tengo una incompatible obsesión por el desvelo, pero no conforme con eso, me da miedo quedarme sola por las noches en la sala de mi abuela. Ni hablar, cada que voy a Cuernavaca me toca irme a la cama temprano y aguantar el insomnio a como dé lugar, cosa que me ha permitido desarrollar creativas estrategias para quedarme dormida sin ahorcarme con los audífonos de mi querido reproductor -sobrevaluado por tener dibujada una famosa manzana- pero esa es harina de otro costal.

Así que ahí estaba yo, perdida en la penumbrosa obscuridad con ganas de fiesta en solitario. Play al reproductor: Offend Maggie de Deerhoof. Oh Deerhoof: infancia, arrullos, diversión. ¿Por qué no? Offend Maggie, no es el mejor de sus discos pero es melódico, tranquilo y cumplidor. Esa fue mi elección, según yo, era perfecto para dormir.

Todo bien con mi plan nocturno, acomodé la almohada, cerré mis ojos, y me dejé llevar hasta donde las guitarras, la voz y esas melodías inocentes se apoderaran de mí. Habían transcurrido escasos treinta minutos desde que comencé la empresa y yo ya estaba en el quinto sueño. Pero Deerhoof me tenía un pequeño regalo.

Ya el músculo estaba completamente relajado y había dejado atrás cualquier indicio de estado de alerta cuando el volumen súbitamente cambió de intensidad, el estado somnoliento en el que me encontraba me hizo la jugarreta de obligarme a percibir exageradamente un conjunto de tremendas disonancias que al unísono emergieron junto con ruidos electrónicos, filosos, penetrantes e inesperados y con una voz absolutamente inasequible y grave. Aquello derivó en el palpitar intenso de un corazón apendejado como el mío en ese momento.

[Inserte aquí cualquier reacción predecible para el caso]

Así es, usted está pensando bien, si no grité fue por pura suerte, porque del brinco violento no fue posible salvarme. ¡A-pa-sus-ti-to! Como pude, y en cuestión de segundos iluminé temblorosamente la pantalla del ipod con el objetivo de entender qué chingados había pasado. Han de saber que, a la fecha, no sé qué me dio más miedo, si el sonido o lo que fui a encontrar en la pantalla del reproductor:






BAN-DO-TA


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Revolution Girl Style Now. Le Tigre/Marnie Stern





Le Tigre - Hot Topic


En segundo de secundaria una inquietud llegó a mi vida y la compartía con 4 más, el plan conjunto era armar desde cero una banda de puras chicas. Teníamos toda la estrategia y el papel que cada quien jugaría, el nombre de la banda y hasta el título del disco, sólo nos faltaba la música, que cada quien comprara y aprendiera a tocar su instrumento. En ese momento me compré una batería de 7 tambores, me metí a clases, dejé sordos a los vecinos por un par de meses, y terminé por renunciar. Lo mismo sucedió con las demás integrantes de mi “air band”. De ahí abandoné toda expectativa hasta hace 7 años, cuando lo intente de nuevo, pero ahora con una guitarra, mismo objetivo, nuevos integrantes, todas desde cero igual, pero, al llevarlo a la práctica mi banda de ensueño tenía como baterista la caja de ritmos de mi pedalera, y en vivo era el “chama” que nos hizo el paro la única vez que tocamos frente a alguien más. No conforme con eso, la banda de puras chicas éramos dos viejas y un güey, tocando disque covers de Sonic Youth. A decir verdad, en mi segundo intento llegué un poco más lejos, por lo menos llegamos a ensayar. Ahora tengo una banda en Guitar Hero.

La cosa es que hace 7 años, se sentía una cierta ausencia de las mujeres y estaba en el aire esa inquietud que según yo era mía, pero no, en realidad era más global, había algo que nos llevó a lo que hoy tenemos: una escena femenina plagada de discursos reivindicativos, o que por lo menos se cuelgan de ahí. Viéndolo en retrospectiva, y después de un escueto acercamiento de campo en el tianguis musical de Taxqueña, me di cuenta que mis motivaciones eran las mismas que llevan a muchas a adquirir una guitarra, un bajo, o una batería por primera vez. En definitiva creo que hay algo en el rock que nos lleva a las mujeres a defender al género tocando un instrumento, y por esta razón es que pienso que la presencia de las mujeres en la música y lo que hacen en el escenario es una discusión que no puede haber terminado.

En fin, parte de ese “algo” que nos orilló a muchas a querer rasgar cuerdas para gritar que aquí estamos, lo hicieron explícito las famosas Riot Grrls, con la consigna: “no importa cómo toques, pero toca” y, como dice Kim Gordon, "las cosas pierden su contexto tan rápido” que hoy tenemos a chicas cuyo único atractivo es que apelan a un lesbianismo prefabricado y cargan una guitarra en el escenario, aunque, de plano, ni la toquen.

Ser mujer y tomar un instrumento, rápidamente devino objeto de deseo, sensualidad imposible de ser domada y estereotipo de mujer sexy, por encima del talento y el discurso serio. Pero lo peor, es que las propias mujeres lo solapamos y sacamos ventaja de eso. Esto, desde luego, tiene lugar en una industria musical que lo que menos procura es la música en sí misma, y cuya preocupación real está en dictar e imponer una “manera de ser” músico que nos ha absorbido a todos —periodistas, público, músicos, disqueras, etc. — al punto de casi, volvernos sordos. En ese contexto las mujeres son instrumentos, son diosas, divas o putas, ¿será que es cierto que ya son consideradas sólo como un músico más? Lo dudo, me parece que ni siquiera las mujeres mismas nos lo creemos.

Marnie Stern - Ruler



En fin, de por aquellas épocas del Riot Grrrlismo, sigue viva una disquera de la que me declaro fan, una que en el nombre lleva la consigna de eliminar estrellas de rock, y que en estos momentos presume entre su tropa a la legendaria Tobi Vail, baterista de Bikini Kill. En el 2007 esa disquera, KRS, firmó a quien decidieron llamar la mejor guitarrista femenina, Marnie Stern. Virtuosa de la guitarra, cuya presentación, en la página de la disquera, afirma que toca mejor que el 99% de la gente que ha mirado una guitarra. No sé si tanto así, pero realmente le mete galleta.

En definitiva si es muy buena guitarrista independientemente de ser mujer, y todo este choro es para presentárselas, pues en estos días el panorama ha estado desalentador, cabe preguntarse qué demonios significa para esta gente ser músico, ser mujer rockera, ser una banda de chicas y que significa hacer música con un discurso de género, porque una cosa es ser una música a secas, y otra muy diferente es ser mujer y agarrar un instrumento para luchar por la mujer, sin duda estas dos se separan de las que lo agarran a guasa, y con esto quieren fama, fortuna y sentirse deseadas. La verdad es que no está tan fácil, requiere además un ejercicio de autocrítica y honestidad, porque la música, en sí misma, no es ni masculina ni femenina y detrás está un aparato institucional que se la apropió como mercancia, cuyo engranaje es la escalada entre relaciones de poder que de entrada menosprecian al músico (hombre o mujer) y a la música que hace.

Pues todo esto para decir que en estos momentos escuchar a Marnie Stern, junto con muchas otras, me trae cierta esperanza frente a la indignación que me provoca el oportunísimo de muchos, hombres y mujeres. Adjunto el link de un disco del 2008, This Is It and I Am It and You Are It and So Is That and He Is It and She Is It and It Is It and That Is That (asi se llama) de Marnie Stern.

Arma una banda de chicas sin coger en el intento.

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Tindersticks: The Hungry Saw, alta costura sonora


Una voz semi avejentada portadora de penas en un smoking elaborado con múltiples sonidos, extraídos uno a uno, de las entrañas de una melódica, un piano, violines, un fagot, panderos, percusiones, saxofones, trompetas, una guitarra, una batería y un bajo, entrelazándose cual telaraña en cualquier rincón de la habitación. Hilos de sedosos ritmos que, incluso en los momentos más ásperos, resultan tan suaves como el algodón, ideales para practicar el zurcido invisible en esta alta costura sonora.


Así de orquestadito el asunto van tomando forma los 12 retazos que dan vida a The Hungry Saw, a cargo de los Tindersticks, sastres británicos del traje al que da cuerpo esa tela particularmente sensible que nos hace pasar de la sensación de recargar la cabeza en el hombro de nuestra pareja de baile, a dibujar una tenue sonrisa mientras acercamos un pañuelo para secar las gotas que van rodando por las mejillas mientras la galería de la memoria contenida en el álbum familiar despliega una foto irreconocible de un niño en shorts con swetercito tejido parado de puntitas para ver por encima de la mesa.


Cada trayecto entre canciones en sintonía con el de la aguja penetrando la superficie textil. Una y otra vez, entra y sale como si se diera un chapuzón refrescante cada vez que asoma la fina punta, buscando arropar, por medio de un traje a la medida, los knock knock de los recuerdos, a los que ya se les ha hecho costumbre tocar a la ventana a horas inapropiadas.


Tindersticks, The Hungry Saw, Beggar´s Banquet, 2008.


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