Piccola Música Vol.2

Descarga aquí la compilación del mes de Agosto: Star Tracks: Piccola Odisea Espacial en dos volúmenes 2a y 2b

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Revolution Girl Style Now. Le Tigre/Marnie Stern





Le Tigre - Hot Topic


En segundo de secundaria una inquietud llegó a mi vida y la compartía con 4 más, el plan conjunto era armar desde cero una banda de puras chicas. Teníamos toda la estrategia y el papel que cada quien jugaría, el nombre de la banda y hasta el título del disco, sólo nos faltaba la música, que cada quien comprara y aprendiera a tocar su instrumento. En ese momento me compré una batería de 7 tambores, me metí a clases, dejé sordos a los vecinos por un par de meses, y terminé por renunciar. Lo mismo sucedió con las demás integrantes de mi “air band”. De ahí abandoné toda expectativa hasta hace 7 años, cuando lo intente de nuevo, pero ahora con una guitarra, mismo objetivo, nuevos integrantes, todas desde cero igual, pero, al llevarlo a la práctica mi banda de ensueño tenía como baterista la caja de ritmos de mi pedalera, y en vivo era el “chama” que nos hizo el paro la única vez que tocamos frente a alguien más. No conforme con eso, la banda de puras chicas éramos dos viejas y un güey, tocando disque covers de Sonic Youth. A decir verdad, en mi segundo intento llegué un poco más lejos, por lo menos llegamos a ensayar. Ahora tengo una banda en Guitar Hero.

La cosa es que hace 7 años, se sentía una cierta ausencia de las mujeres y estaba en el aire esa inquietud que según yo era mía, pero no, en realidad era más global, había algo que nos llevó a lo que hoy tenemos: una escena femenina plagada de discursos reivindicativos, o que por lo menos se cuelgan de ahí. Viéndolo en retrospectiva, y después de un escueto acercamiento de campo en el tianguis musical de Taxqueña, me di cuenta que mis motivaciones eran las mismas que llevan a muchas a adquirir una guitarra, un bajo, o una batería por primera vez. En definitiva creo que hay algo en el rock que nos lleva a las mujeres a defender al género tocando un instrumento, y por esta razón es que pienso que la presencia de las mujeres en la música y lo que hacen en el escenario es una discusión que no puede haber terminado.

En fin, parte de ese “algo” que nos orilló a muchas a querer rasgar cuerdas para gritar que aquí estamos, lo hicieron explícito las famosas Riot Grrls, con la consigna: “no importa cómo toques, pero toca” y, como dice Kim Gordon, "las cosas pierden su contexto tan rápido” que hoy tenemos a chicas cuyo único atractivo es que apelan a un lesbianismo prefabricado y cargan una guitarra en el escenario, aunque, de plano, ni la toquen.

Ser mujer y tomar un instrumento, rápidamente devino objeto de deseo, sensualidad imposible de ser domada y estereotipo de mujer sexy, por encima del talento y el discurso serio. Pero lo peor, es que las propias mujeres lo solapamos y sacamos ventaja de eso. Esto, desde luego, tiene lugar en una industria musical que lo que menos procura es la música en sí misma, y cuya preocupación real está en dictar e imponer una “manera de ser” músico que nos ha absorbido a todos —periodistas, público, músicos, disqueras, etc. — al punto de casi, volvernos sordos. En ese contexto las mujeres son instrumentos, son diosas, divas o putas, ¿será que es cierto que ya son consideradas sólo como un músico más? Lo dudo, me parece que ni siquiera las mujeres mismas nos lo creemos.

Marnie Stern - Ruler



En fin, de por aquellas épocas del Riot Grrrlismo, sigue viva una disquera de la que me declaro fan, una que en el nombre lleva la consigna de eliminar estrellas de rock, y que en estos momentos presume entre su tropa a la legendaria Tobi Vail, baterista de Bikini Kill. En el 2007 esa disquera, KRS, firmó a quien decidieron llamar la mejor guitarrista femenina, Marnie Stern. Virtuosa de la guitarra, cuya presentación, en la página de la disquera, afirma que toca mejor que el 99% de la gente que ha mirado una guitarra. No sé si tanto así, pero realmente le mete galleta.

En definitiva si es muy buena guitarrista independientemente de ser mujer, y todo este choro es para presentárselas, pues en estos días el panorama ha estado desalentador, cabe preguntarse qué demonios significa para esta gente ser músico, ser mujer rockera, ser una banda de chicas y que significa hacer música con un discurso de género, porque una cosa es ser una música a secas, y otra muy diferente es ser mujer y agarrar un instrumento para luchar por la mujer, sin duda estas dos se separan de las que lo agarran a guasa, y con esto quieren fama, fortuna y sentirse deseadas. La verdad es que no está tan fácil, requiere además un ejercicio de autocrítica y honestidad, porque la música, en sí misma, no es ni masculina ni femenina y detrás está un aparato institucional que se la apropió como mercancia, cuyo engranaje es la escalada entre relaciones de poder que de entrada menosprecian al músico (hombre o mujer) y a la música que hace.

Pues todo esto para decir que en estos momentos escuchar a Marnie Stern, junto con muchas otras, me trae cierta esperanza frente a la indignación que me provoca el oportunísimo de muchos, hombres y mujeres. Adjunto el link de un disco del 2008, This Is It and I Am It and You Are It and So Is That and He Is It and She Is It and It Is It and That Is That (asi se llama) de Marnie Stern.

Arma una banda de chicas sin coger en el intento.

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Au Revoir Simone


Desde el 2005 tres discos modestamente han visto la luz bajo la autoría de Au Revoir Simone: Verses of Comfort, Assurance and Salvation, The Bird of Music y Still Night, Still Light, el de este año. Desde el Bird of Music, el director David Lynch ha sido su más ferviente y voraz promotor y fanático. En escena tres mujeres detrás de tres sintetizadores y un xilófono se despiden de Simone, con esa sobriedad y decoro, necesarios, que permiten al músico ser lo que realmente es: la hoja en blanco sobre la que se impone el sonido; y son vehículo de una música tan sugestiva como etérea.

Au Revoir Simone - "Trace a Line"



Au Revoir Simone es el viento que mueve las hojas de los árboles antes de llover, jugar a hacer pasteles de lodo, recolectar pétalos, y los gusanitos que son parte de los arbustos. Es podar el jardín con avidez pueril. Oprimir las ramas de los helechos con los dedos y recorrerla toda, sentir sus brotes para quedarse con todas las hojas en las manos. Au Revoir Simone es hacer esto sin culpa, y sin cortarse, por supuesto. Una sensación por demás recomendable y posiblemente sobrevaluada por mi memoria infantil fuertemente anclada en imágenes veraniegas. Mi afición por jugar con tierra me llevó un día a descubrir la madriguera de una falso coralillo de temprana, muy temprana edad. Gracias a mis primos mayores, y a su funesto e indescifrable parecido con la verdadera coralillo, fue a dar al frasco en el que mi madre aislaba toda alimaña potencialmente ponzoñosa; especulamos y la admiramos por horas en su lecho de muerte, con unánime cara de asombro, curiosidad y respeto; pobre animal. Ciertamente era preciosa.

Au Revoir Simone - "Shadows"



20 años despues recuperé ese asombro para aproximarme a un descubrimiento igualmente atractivo pero en otro campo: Au Revoir Simone se parece a esa serpiente; es agridulce ,seductor y misterioso. A ratos es de un pop invaluable y otros tantos es como escuchar "Bodysnatchers" en versión femenina. Es adentrarse en un tunel de humedades y raíces, es concretar la expedición, la travesura más osada y aislarla para admirarla.

Primicia: Fuentes confiables nos informaron que Au Revoir Simone tocará en el Lunario de la Ciudad de México el 16 de octubre del 2009.

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Jonny Greenwood is The Controller (2007)


Aquel día, esta humilde servidora se encontraba ahí, inmersa en una apabullante inmensidad sonora, en un caos ruidoso ultra difícil de digerir: rugidos, motores, voces, silbatos y en el viento un sonido que no le pertenece de forma natural. Se encontraba envuelta por las conversaciones fáticas de esta tremebunda ciudad y un calor marca infierno. Ese diálogo urbano, que cristaliza un acontecer funesto desde el asfalto humeante, le violentaba la piel, los decibeles irrumpían en oleadas de estruendos. Ese ruido tiene esa virtud: es palpable y quema, acaricia, apendeja, desdeña el extrañamiento y no perdona que se le ignore, lo deglute a uno y lo termina por sofocar.

Entre sudores y ansiedades ahí estaba yo, acorazada como tortuga en su concha implorando por un minuto de serenidad: paz para la avenida Reforma y un momento de brisa marina. Imposible que mi plegaria fuera escuchada. Como dirían los gringos: “Focus on your happy place and go there”. Ahí evoqué la imagen de una excéntrica práctica: un cierto camarada citadino robó un poco de arena de la playa, y los sábados, en su azotea, “desvestido” en bañador floreado, frota manos y pies contra esa arena contenida en una palangana, en tanto, con los ojos bien cerrados repite hasta el convencimiento la frase: “Estoy en la playa, estoy en la playa, estoy en la playa, estoy en la playa…” así, tal cual; una envidiable fantasía que sin duda rebasa honrosamente mi propuesta para acreditar socialmente el uso del bañador y la chancla en la Ciudad de México.

Yo requería de un despliegue de creatividad tal como ese para evadir el inminente colapso nervioso ante ese paisaje desconcertador. Entonces sucedió, Jonny Greenwood llegó a mí. Él curó un disco para escucharse en bermuda y bikini, o por lo menos para escucharse mientras el ardor citadino nos somete en la añoranza de una chela, hamaca y arena fresquecita a la sombra de una “palmera borracha de sol”.

Desmond Dekker & The Aces - Beautiful and Dangerous


De modo que en ese momento de extrema desesperación, Greenwood y yo estábamos justo donde debíamos estar, porque es bastante obvio que hay una relación orgánica entre el sonido de la playa, y el del Reggae y el Dub. Además, en esa ritualidad de trance que se experimenta en el acto de escucharlos, hay un idilio con las ganas que transportan virtualmente al confort: algo similar a la hipótesis del Paso Sabroso sobre la experiencia de mear pacheco, sencillamente se siente muy chingón.

En fin, a Jonny Greenwood lo conocemos por ser un guitarrista habilidoso y una ficha estratégica para la música de Radiohead; yo personalmente lo recuerdo con especial cariño por ser una de las figuras estelares del imaginario musical del Rul, mi querido Rul (a quien le prometí esta entrega). Ese es él, el mismo que compiló sus canciones favoritas y las lanzó como álbum para el placer de sus fanáticos y los de la disquera británica Trojan en su 40 aniversario.

Linval Thompson - Dread are the controller


A manera de confesión admito que no soy, ni cercanamente, una devota de estos géneros, pero esto es una auténtica joya para atesorar. Valga la curiosidad por las trayectorias degustativas de un músico impecable; aquellos éxitos de ayer y hoy que fertilizan, cual espermas, una cabeza de radio en amarillo, verde y rojo. Por lo pronto, escucharlo, ahí donde yo estaba, fue como enfrentarme a una gran ola de la que no se espera menos que un buen revolcón. Deviene deseo de llevarse arena en el short como souvenir.

Junior Byles - Fever


¡La ola, la ola! ¡Una! ¡Dos! ¡Treeeeees!



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